Aunque el término
Impresionismo se aplica en diferentes
artes como
música y
literatura, su vertiente más conocida, y aquélla que fue la precursora, es la
pintura impresionista. El movimiento plástico impresionista se desarrolló a partir de la segunda mitad del
siglo XIX en
Europa —principalmente en
Francia— caracterizado, a grandes rasgos, por el intento de plasmar la
luz (la «impresión»
visual) y el instante, sin reparar en la identidad de aquello que la proyectaba. Es decir, si sus antecesores pintaban
formas con
identidad, los impresionistas pintarán el momento de luz, más allá de las
formas que subyacen bajo éste. El movimiento fue bautizado por la
crítica como Impresionismo con
ironía y
escepticismo respecto al cuadro de
Monet Impresión: sol naciente. Siendo diametralmente opuesto a la
pintura metafísica, su importancia es clave en el desarrollo del arte posterior, especialmente del
postimpresionismo y las
vanguardias.